jueves, 29 de mayo de 2008

Chaitén: Vidas sepultadas bajo las cenizas

El temido colapso del macizo sureño amenaza con lapidar los recuerdos y los bienes de un sinnúmero de familias, que hoy se preguntan qué será de su futuro.

Chaitén, otrora tranquila localidad sureña y capital de la provincia de Palena, podría desaparecer en tal sólo 6 minutos. Innumerables sueños, vidas de sacrificios y miles de recuerdos se apagarían bajo las cenizas y escombros, en caso de concretizarse los malos augurios de los expertos. Así lo anunció la presidenta Bachelet a algunos de los damnificados, tras recibir en Puerto Montt el informe del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomín). Esta situación sería el triste epilogo de la larga agonía que ha experimentado el poblado, tras la erupción - el pasado fin de semana -, del volcán que le da nombre.

La información vino a inquietar aún más los ya alicaídos ánimos de los damnificados – que se reparten entre Osorno, Puerto Montt y Castro -. Para ellos, el macizo no significaba más que un cerro común y corriente. Hoy es el causante de sus más grandes agobios, que les mantienen en la incertidumbre sobre el futuro de sus enseres. “Esta semana va a pasar, los matinales van a dejar de transmitir de Chaitén, habrá una tragedia en otra parte y ya nadie va a recordarnos. Y los problemas que tendremos después serán cada vez peores” señaló a LUN el concejal y empresario Luis Gallardo, quien debió trasladarse a Dalcahue, en la Isla de Chiloé. Su pesar lo comparten los demás emprendedores, que ya comienzan a sacar tristes cálculos sobre las pérdidas que este acontecimiento les ha ocasionado.

Mientras los especialistas reflexionan sobre la conveniencia de volver a habitar la localidad o trasladar a sus residentes hasta Palena y Futaleufú, estos comerciantes se plantean qué sucederá con sus negocios y la economía al interior de sus hogares. Porque las deudas – justo en momentos en que la falta de liquidez arrecia - los aquejan. El pago de salarios y cheques a fecha se cierne sobre sus cabezas al igual que las cenizas que trastocaron sus vidas. Pese al apoyo gubernamental que han recibido, tal como la condonación del pago de deudas del IVA, la retasación de sus propiedades y la suspensión de diversas acciones de cobranza, la angustia los embarga. El panorama a futuro es desolador: los efectos de la erupción volcánica serán devastadores para el turismo, con ríos de lodo y aguas contaminadas. Además, muchos deben lamentar la pérdida del ganado y el cultivo. El material piroclástico incluso ha puesto en jaque la subsistencia de un bosque de alerces milenarios. En definitiva, se prevé que sobrevenga un periodo muy deprimido para la provincia.

Al tiempo que las cenizas han cubierto prácticamente la totalidad de Chaitén y Futaleufú, además de regiones argentinas, surge la necesidad de estar preparados ante la ocurrencia de un nuevo evento de estas características. De acuerdo con declaraciones del Director del Departamento de Geología, Facultad de Cs. Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Miguel Ángel Parada, al diario La Tercera, el Chaitén no fue adecuadamente monitoreado, pasando más bien inadvertido. Esto, dado que existen más de 150 volcanes activos en la cordillera, en circunstancias que los expertos vulcanólogos no superan la docena. Por lo mismo, a juicio del especialista, debiera enfatizarse la enseñanza de la geología en los diversos niveles educacionales, a fin de incentivar a futuros profesionales del área. Además, la investigación científica y aplicada en torno al tema requiere la incorporación de recursos públicos o privados que las financien. Como dato relevante, aporta que “entre los macizos mejor conocidos del país desde el punto de vista vulcanológico están aquellos que fueron estudiados por la Universidad de Chile por requerimiento de las empresas hidroeléctricas.

Mientras, los chaiteninos siguen a la expectativa de lo que sucederá con sus pertenencias, soñando con regresar a una tierra idéntica a la que abandonaron. Un pueblo que, esperan, no tenga más cicatrices que las generadas por la angustia de un mal sueño. Ambicionan la seguridad de un país preparado para prevenir este tipo de eventos y aún más, el éxodo de decenas de familias a las cuales se les arranca de cuajo más de la mitad de la vida.


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